Sanidad tras la infidelidad

LA HISTORIA DE GARY
Recorrer el pasillo de la casa aquella noche fue una de las cosas más difíciles que he hecho en toda mi vida. Yo sabía que esto podía ser el final de todo lo que me importaba: familia, amigos, trabajo, iglesia. Me senté en la cama al lado de mi esposa. Levantó la vista, y me dijo: “¿Cómo estuvo tu reunión?” No pude evitarlo —me puse a llorar— otra vez. Acababa de pasar las dos últimas horas en la oficina de nuestro pastor, confesando un secreto que había ocultado durante los últimos años.

“Me estás asustando”, dijo Mona.

Me cubrió con sus brazos tratando de consolarme, pero finalmente susurré mi terrible confesión: “Te he traicionado; te he sido infiel”.

Sabía que nuestras vidas acababan de cambiar, pero no tenía idea de lo que sucedería después. Sentí cómo mi esposa se ponía rígida y se alejaba de mí. Se encogió ante mis ojos, y pensé que se desmayaría. ¿Por qué nos pasó esto? Teníamos un buen matrimonio y tres hijos que amábamos profundamente. Pero el ajetreo de la vida nos alejó poco a poco. Fue así como la amistad con una compañera de trabajo se salió de control. Un toque inocente llevó tramposamente a otros más. Comenzó un romance extramarital, y un día se convirtió en una semana, después en un mes y posteriormente en tres años.

Lo único que yo sabía era que no podía seguir así. Tenía que arreglar mi situación con Dios y, de ser posible, con mi esposa. Por dentro me estaba muriendo. Dios mío, ¿qué he hecho? Sabía que había desgarrado el corazón de la mujer que amaba, que había estado conmigo durante 20 años.

LA HISTORIA DE MONA
Miré el rostro de Gary, y vi que algo trágico había sucedido. Mientras me confesaba su traición, sentí como si estuviera viendo desde lejos a unos desconocidos sentados en nuestra cama.

Lo que sí sabía yo era que la vida nunca sería igual. Yo jamás volvería a ser la misma. El miedo y el dolor me envolvieron. Me costaba respirar. Una tragedia había ocurrido —y me había sucedido a mí.

Le pregunté a Gary si él quería el divorcio. El quería ver si podíamos sanarnos, si yo estaba dispuesta a intentarlo. ¿Sanar? Ni siquiera estaba segura de si podría sobrevivir.

Había vivido completamente engañada. Gary había estado teniendo durante los últimos años un romance con mi mejor amiga, y yo nunca lo había sospechado. No tenía idea de que nuestro matrimonio fuera vulnerable. Gary no era bueno para mentir; siempre pensé que lo sabría si lo hacía. Mis amigos pensaban que él era maravilloso: lavaba los platos y la ropa; cambiaba los pañales. Éramos amigos; podíamos hablar de cualquier cosa. Por supuesto, habíamos tenido nuestros malos momentos en dos décadas de matrimonio, pero nada que no pudiéramos superar. ¿Acaso había sido tan mala esposa?

Sentí indicios de cólera. Tuve náuseas. Pasé el resto de esa noche llorando, sintiendo que el dolor penetraba cada centímetro de mi ser. Me sentí más sola que nunca.

A partir de esa noche, hubo un nuevo calendario en mi vida: antes, durante y después de su infidelidad. Mientras que la carga de Gary empezaba a aliviarse, la mía estaba comenzando a derrotarme bajo su peso aplastante.

UNA HISTORIA DE RESTAURACIÓN
GARY

Cuando nos casamos, sabíamos que nuestro matrimonio funcionaría. Éramos unos buenos amigos que se amaban y respetaban mutuamente.

Cinco años después, Mona se graduó de enfermera, yo inicié mi propia empresa, y tuvimos nuestro primer hijo. Unos años más tarde ambos nos hicimos cristianos Ahora teníamos un vínculo más que nos mantendría firmemente unidos.

Al cumplir 20 años de casados, ambos estábamos muy activos en el trabajo de la iglesia. Pero, aparte de nuestras apretadas agendas, teníamos que criar a tres varones, lo cual estaba resultando mucho más difícil de lo que habíamos imaginado, y rara vez teníamos tiempo o energías para nosotros. Nos repetíamos una y otra vez que “nuestro tiempo” vendría después, cuando en verdad tuviéramos tiempo. Pero lo cierto es que estábamos atrapados en una vida que nos estaba llevando por caminos separados.

Esas primeras semanas después de mi confesión fueron un tiempo borroso. Más tarde supimos que era normal, ya que la revelación de infidelidad es como una muerte repentina. Mona, que antes había sido un modelo de fortaleza, a duras penas podía salir a rastras de la cama. Apenas tenía la energía suficiente para cumplir con su turno en el hospital.

Pero, con excepción de mi sentimiento de culpa y del dolor de ver sufrir a mi esposa, yo estaba experimentando libertad por primera vez en mucho tiempo. De inmediato dejé de trabajar con aquella otra mujer, y corté todo contacto. Al no seguir viviendo una mentira, podía de nuevo pasar tiempo con Dios y disfrutar de su presencia. Hacía todo lo que podía para dejar que Mona pasara tiempo a solas para pensar y llorar. Pero mi mayor desafío era agotador: sabía que tenía que responder sus continuas preguntas lo más honestamente posible. A diferencia de mí, Mona no sabía nada de lo que había sucedido durante los últimos años. Necesitaba poder llenar los espacios en vacíos como un rompecabezas, y yo necesitaba unir pacientemente las piezas —una y otra vez, cada vez que hiciera falta, hasta que ella pudiera entender mejor su vida. Las palabras de cólera no eran raras, ya que la verdad no era agradable.

MONA

Pocos en la iglesia me habrían criticado si hubiera dejado a Gary (Mt 19.9), pero yo sabía que divorciarme no haría desaparecer el dolor; yo tendría que pasar por el proceso de llanto y sanidad, con o sin él.

Esa noche de la revelación hace 17 años fue terriblemente dolorosa, pero también marcó el comienzo de nuestra recuperación. No porque alguno de nosotros creyera que podíamos sanarnos, sino porque sentíamos que no teníamos nada más que perder. Lo único que sabíamos era que queríamos obedecer a Dios, no importa adonde nos llevara eso.

Así que empezamos a ver a un consejero cristiano que confiaba en que nuestro matrimonio podía sanarse. Aunque nos aterrorizaba pensar que tal vez no pudiera. Lo que realmente necesitábamos era hablar con otra pareja que hubiera sido devastada por el adulterio y logrado la restauración. Queríamos ver a personas reales que pudieran decirnos honestamente que el dolor de luchar con este profundo trauma emocional valía la pena. Pero nuestro consejero no podía encontrar a nadie que tuviera la experiencia o las cualidades que se necesitaban en estos casos. Por tanto, dábamos un paso a la vez en un camino cuesta arriba que ni siquiera sabíamos que existía.

Hablamos mucho sobre la infidelidad de mi esposo y sobre nuestro matrimonio, y pronto nos dimos cuenta de que, si bien estaban relacionados, se trataba de dos asuntos distintos. La infidelidad había sido una decisión unilateral de Gary, pero los dos éramos responsables de nuestro matrimonio, y necesitábamos comprender por qué había fallado. También teníamos que volver a aprender a ser sinceros y a escucharnos —caímos en cuenta de que nunca habíamos sido verdaderamente honestos el uno con el otro, y que teníamos cosas que no eran compatibles con un matrimonio saludable. Por supuesto, estas no eran excusas para el adulterio; Gary podía haber decidido hablar de estos problemas con honestidad en vez de buscar consuelo en otra parte. Pero ahora era nuestra oportunidad de abordar cosas de las que no nos habíamos ocupado por mucho tiempo.

Pero después de diez meses de haber comenzado nuestra restauración yo sentía que el proceso de “recuperación” me estaba matando poco a poco. En una sesión de emergencia, nuestro consejero nos ayudó a aclarar un problema ocasionado por una respuesta de Gary. Por alguna razón, escuchar esta voz imparcial más allá del caos emocional nos permitió ver el verdadero problema de manera clara y ocuparnos de él. Salimos de su consultorio con esperanzas renovadas; aunque la lucha no había terminado, yo sabía que podía seguir adelante con el poder de Dios.

GARY

Con el tiempo, y perseverando día tras día, comenzamos a ver los progresos que habíamos hecho. Sentimos por fin que la restauración era posible.

Nuestro consejero nos llamó dos años más tarde, y nos dijo: “¿Recuerdan que una vez me preguntaron si sabía de alguna pareja con la cual pudieran reunirse?” Siguió diciendo: “¿Están ustedes listos para ser esa pareja para otras personas?”

Eso nunca nos había pasado por la cabeza. Hacer esto significaría reconocer ante otros el dolor de nuestro pasado sufrimiento. ¿Se repetirían nuestros peores recuerdos y emociones? Al hablar y orar por la idea, recordamos lo necesitados que habíamos estado nosotros. Por tanto dijimos que sí.

Nuestro primer encuentro con una pareja determinó el rumbo de un ministerio con el que nunca habíamos soñado cuando iniciamos este camino. Después de que todos vimos el enorme impacto de este apoyo en la recuperación de ese matrimonio, fundamos Hope & Healing Ministries (Ministerio de Esperanza y Restauración) junto con ellos. Doce años después, seguimos viendo a Dios actuando de manera poderosa al aconsejar a parejas que enfrentan la misma situación que vivimos nosotros, que se preguntan si habrá esperanza para ellos.

La noche en que Gary hizo su confesión, ninguno de nosotros esperaba que hubiera una restauración. Dudábamos de que el dolor se marcharía. Pero ahora sabemos que el adulterio, por más destructivo que sea, no significa automáticamente una sentencia de muerte para un matrimonio. Encontrar el camino fue lo más difícil que hemos hecho, pero hoy tenemos un matrimonio fuerte y feliz basado en amor, respeto, intimidad y confianza. Y hemos visto una y otra vez que la restauración se ha vuelto una realidad en otras parejas antes desdichadas. La recuperación es un trabajo difícil que requiere de dos corazones dispuestos. El mismo Salvador que permite a los pecadores estar puros delante de un Dios santo, puede restaurar lo que está en ruinas, convirtiéndolo en algo hermoso y deleitable.

por Gary y Mona Shriver

El Desafio del Amor

¿Por qué es tan difícil que el amor perdure?  El amor incondicional es difícil de llevarlo a la
práctica.  Pero si estamos dispuestos a realizar un cambio en nuestra, podremos cambiar nuestro
matrimonio. Un matrimonio exitoso no es un suceso, sino un estilo de vida que se vive en medio
de un proceso de constante cambio.  Sea parte de este desafío de 40 días para que los
matrimonios comprendan y practiquen el amor incondicional.

DÍA 1
La  primera  parte  de  este  desafío  es  Bastante  Simple.   Aunque  el  amor  se  comunica  de  distintas maneras,  nuestras  palabras  a  menudo  reflejan  la  condición  de  nuestro  corazón. Durante  el próximo  día,  decide  demostrar  paciencia  y  no  decirle  nada  negativo  a  tu  cónyuge.   Si  surge  la tentación, elige no decir nada. Es mejor contenerte que expresar algo que luego lamentarás.

DIA 2
Hoy,  también,  además  de  no  decirle  nada  negativo  a  tu  cónyuge.   Realiza  al  menos  un  gesto inesperado como acto de amabilidad.

DIA 3
Las  cosas  a  las  que  le  dediques  tu  tiempo,  energía  y  dinero  cobrarán  más  importancia  para  ti. Es difícil  que  te  importe  algo  en  lo  que  no  inviertes.  Además  de  refrenarte  de  los  comentarios
negativos, cómprale algo a tu cónyuge que le comunique: “Hoy estuve pensando en ti”

 

Ya leiste los primeros 3 desafios, ¿ estás dispuesto a mejorar tu relacion matrimonial, e iniciar el Desafio del amor?  atreveté, aqui te compartimos dos link para que puedas descargarlo.

http://cristianosenlaweb.jimdo.com/app/download/2371759519/4e9f3d67/4e39c0f3e9072e237b5e7615f4101a2dbe715dec
http://jesussalvamifamilia.org/docs/doc/20_El_Desafio_del_Amor.pdf

Nunca olvides que tu vida no se define por un hombre o una mujer si no que por Dios, el debe ser el centro de todo en tu vida, matrimonio, familia, trabajo, ministerio.

 

 

La crianza de los hijos

Si usted es como la mayoría de los padres, confiar plenamente sus hijos a Dios es algo que usted sabe que puede y debe hacer, pero que no le resulta fácil.

Desde el momento en que vemos a nuestros bebés a través de la ventana de la sala de niños recién nacidos del hospital, nos preparamos para protegerlos, educarlos y crear para ellos un entorno en el que puedan florecer y convertirse en todo lo que Dios quiere que sean. En los primeros años, si cometen algún tipo de equivocación, nuestra obligación es perdonarlos. Y no importa la edad que tengan, cuando sufren por algo, queremos hacerles menos dolorosa la experiencia.

Pero es fácil olvidar que no somos nosotros quienes más autoridad tenemos en esto. El Creador que formó a nuestros hijos en el vientre (Sal 139.13), y que ha contado todos los cabellos de sus cabezas (Mt 1.30), tiene un plan para sus vidas. Eso, por supuesto, está bien en teoría, pero ¿cómo confiar plenamente en Dios cuando un hijo se enferma gravemente, o cuando toma una decisión con consecuencias dolorosas, o cuando pasa toda una noche fuera de casa? ¿Qué sucede cuando uno duda de la capacidad que se tiene de criarlos, o cuando la imaginación nos recuerda todo lo que podría salir mal?

Dios nunca dijo que ser padres sería fácil. Pero sí dijo que Él nunca nos dejará ni desamparará (He 13.5). Y nos recuerda que todo lo podemos en Él que nos fortalece (Fil 4.13). Sabemos también que el Señor no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Ti 1.7). Estas son las promesas a las que podemos aferrarnos, no importa qué luchas tengamos.

Confianza en Dios para equiparlos
Para mi amiga Esperanza, el confiar simplemente en que Dios la ayudaría a ser buena madre, era un gran desafío. Lloró la primera vez que supo que estaba embarazada. “Nunca me relacioné mucho con mi madre”, me dijo. “Entonces, ¿cómo podría criar a una niña sin tener ningún ejemplo a imitar?” Mientras Esperanza conducía su auto yendo al trabajo, le hablaba a su hija por nacer, prometiéndole que sería una madre mejor que la que ella había tenido, y que desarrollaría con ella la relación que nunca había experimentado —todo esto mientras se preguntaba si Dios se habría equivocado.

“En algún punto, las cuestiones de mi pasado afectarían mi relación con mi hija”, dijo. “Pero había olvidado que Dios me había escogido de entre todas las personas del mundo para esta pequeña niña. Ahora veo que Él sabía lo que estaba haciendo, y me dio las herramientas que necesitaba, y cuando las necesitaba, para ser la madre apropiada para mis hijos. Ahora no puedo imaginar ninguna otra clase de vida”.

Confianza en Dios para disciplinarlos
Para mí, una de las cosas más difíciles en cuanto a la crianza, fue no hacer más de la cuenta por mis hijos —no recoger las cosas que dejaban tiradas, no ir corriendo a la escuela porque mi hija había olvidado su ropa de educación física o su clarinete, no comprarles todo lo que pensaban que necesitaban. Puede ser difícil no acudir de inmediato al rescate de nuestros hijos cuando han hecho algo mal. Aun cuando sabemos que la disciplina es para su propio bien, todavía puede ser tentador hacer todo por ellos “solo esta vez”.

Pero tenemos que preguntarnos: ¿Estamos realmente ayudándolos a convertirse en personas de carácter? La Biblia nos da este amplio panorama:

Dios tiene un plan perfecto para la vida de sus hijos (Sal 37.23).
Ese plan implica la disciplina misericordiosa necesaria para convertirlos en los hombres y las mujeres que Dios ha querido que sean (Pr 3.12).
Aun las cosas más difíciles que soporten sus hijos, ya sea por culpa de ellos o de otras personas, pueden ser utilizadas maravillosamente por Dios para revelar su gloria y desarrollar el carácter de nuestros hijos (Ro 8.28).

Carolina, otro amiga, se enfrentó con una pesadilla cuando su hijo fue arrestado por tráfico de drogas. “El saber que mi hijo iría a la cárcel, ha sido uno de los golpes de la vida que me ha hecho sentir más abatida”, recuerda. “Al comienzo, mi esposo y yo nos mantuvimos fuertes, sabiendo que habíamos dedicado nuestro hijo a Dios. Pero a medida que pasaba el tiempo y sus perspectivas se veían peor, sentí que mi fe no era suficiente”.

Ella decidió que tenía que salvar a su hijo, pero cuando éste recibió una sentencia de diez años, se vino abajo. “Entonces Dios me abrió los ojos, y me di cuenta de que mi hijo estaba vivo. Fue entonces cuando se lo entregué realmente al Señor”. Carolina ve ahora la gracia de Dios en la situación de su hijo. “Me doy cuenta ahora de que si hubiera podido encontrar la manera de lograr que lo pusieran en libertad, él probablemente no estaría vivo hoy. Al pensar en todo lo que estuvo metido, la cárcel le salvó la vida. A veces pensamos que somos nosotros los únicos que podemos hacer lo que se necesita. Dios tiene que recordarnos que Él tiene el control, y es mucho más capaz que nosotros para proteger a nuestros hijos”.

Confianza en Dios para salvarlos y guardarlos
Proverbios 22.6 nos dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Pero, ¿qué sucede cuando vemos a los hijos apartarse de ese “camino”? Tenemos entonces que recordar que nuestros hijos son obras maestras de Dios, creados en Cristo para la gran obra que Él ha dispuesto para ellos (Ef 2.10).

Teresa tuvo siempre una lucha para dejar que Dios hiciera su voluntad cuando se trataba de sus hijos. Pero el Espíritu Santo le recordaba constantemente lo que había sido su historia personal. “Dios me salvó cuando yo tenía quince años y viví muchos momentos difíciles. Mis padres rechazaron mi recién descubierta ‘religión’, e incluso me prohibieron ir a la iglesia. Pero aquí estoy. Comprendí que si Dios podía guardarme de todo, podía sin duda confiar en que Él haría lo mismo con mi hija”.

“Desde que nuestra hija era pequeña”, dice Teresa, “mi esposo y yo creímos que nuestra tarea era, en realidad, hacer hasta lo imposible para criarla. Cuando, en verdad, se trataba de enseñarle cómo quería Dios que viviera, ser ejemplo de devoción para ella con nuestras vidas, dejarle el paso libre, y confiar en que Él se encargaría de lo demás. Eso no significaba que sería fácil verla abandonar el nido. Pero nuestro consuelo era saber que su Padre perfecto nunca la abandonaría ni dejaría de darle lo que necesitara”.

Filipenses 1.6 nos recuerda: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. Nuestro Padre celestial se ha comprometido a terminar todo lo que Él comienza, incluso después de que le devolvamos la batuta que nos entregó.

por Mimi Greenwood Knight

La Tecnologia Desafia a la Familia

La mayoría de nosotros conocemos las estadísticas actuales que revelan que existe un aumento en el número de casos de explotación infantil vinculados con la Internet. Las compañías de cable tienen un incremento en sus ingresos que proviene de una programación sexual-mente explícita, y el contenido sexual en el horario de máxima audiencia televisiva ha alcanzado más del triple en los últimos 10 años.

Sin embargo, estos datos no muestran cómo algunos niños están mejorando su aprendizaje gracias a la Internet. Gracias a los avances en la tecnología, amigos y familias que están separados por la distancia se mantienen en contacto por medio del correo electrónico y los mensajes instantáneos, y algunos padres realizan su trabajo en su casa, lo cual les permite estar con sus hijos. Ya se trate de papá o mamá, el desafío consiste en hallar el equilibrio correcto en el uso de esta tecnología por parte de su familia.

¿Cuánta de esta tecnología utiliza usted o alguno de su familia: la televisión, los videojuegos, el teléfono celular, el asistente digital personal, la grabadora de vídeo, la computadora, la Internet, el correo electrónico ó alguna otra aplicación?

¿Se siente usted ocasionalmente descontrolado o abrumado por el equipo electrónico que se halla ahora a nuestra disposición? La tecnología o cualquier otra cosa pueden distraerlo a usted del tiempo que puede pasar creciendo en su andar con Dios, edificando las relaciones de padre a hijo, y enseñándoles a sus hijos que conocer a Dios es lo más importante que jamás harán.

¿Cuánto tiempo pasa usted junto a sus hijos, mientras éstos exploran la autopista de la información o miran la televisión? Éstas, sin supervisión, pueden convertirse en niñeras involuntarias, y expondrán a sus hijos a ciertas cosas que usted a lo mejor no querrá que aprendan. (Filipenses 4:8)

La Internet posee una cantidad enorme de información y la exploración en línea ha abierto un mundo de posibilidades para todas las personas. Aunque esto pueda tener muchas ventajas, se necesita también tener precaución y discernimiento.

A usted no siempre le será posible controlar y ordenar lo que sus hijos ven en la Internet o la televisión, o lo que leen en libros y revistas; no obstante, usted es responsable ante Dios de guiar y dirigir a sus hijos en los caminos de Él (Proverbios 22:6).

Los hijos son un don de Dios (Salmo 127). Éstos, por lo que se ve, vienen sin un manual de instrucciones, pero la clave del éxito está en la palabra de Dios. Cuando Dios sea el centro de su familia, sus relaciones tendrán un vínculo que sólo es posible con corazones que lo van siguiendo a Él de cerca.

Es responsabilidad suya como padre el fijar límites a sus hijos. En el libro: Cómo conservar a sus hijos en su equipo, el Dr. Stanley nos dice por qué esto es tan importante. Él dice: “Dios no sólo es claro en cuanto a lo que Él espera que sus hijos hagan y por qué, sino también en lo que Él hará si éstos no obedecen”.

Fije límites a sus hijos (Efesios 5:3-4), explique sus razones para estos límites (Deuteronomio 23:14) y ponga en claro el hecho de que la desobediencia traerá consecuencias (Deuteronomio 17:25).
Se requiere de esfuerzo y paciencia para conservar a sus hijos en su equipo. Aquí tenemos algunas ideas que pueden ayudarle a mantener el equilibrio en cuanto al uso de la tecnología.

-    Pase tiempo con sus niños cuando se encuentren en la Internet o Viendo televisión. Esto le ayudará a estar al tanto de lo que están mirando o lo que les interesa. Tómese luego un tiempo para hablar y escuchar lo que es de importancia para ellos.

-    No se Intimide por el uso de nueva tecnología. Aprenda junto a sus hijos y no los prive de la oportunidad de enseñarle a usted cosas que quizá ellos sepan.

-    Confeccione un reglamento claro para el uso de la tecnología. Los límites son útiles para conservar la paz y la armonía en su hogar.

-    Invierta menos tiempo mirando la televisión o navegando en la Internet. Este tiempo adicional con sus hijos les demostrará lo importantes que son ellos para usted.

-    Pase tiempo con sus hijos leyendo la Biblia M orando Juntos. El tiempo que ustedes pasen como familia buscando a Dios les ayudará a conservar su perspectiva y armonía.

El avance de la tecnología ha cambiado al mundo en que vivimos, aunque Dios nunca cambia. Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.

No tenemos por qué recurrir a la nueva tecnología para solucionar nuestros problemas. Sea cual sea la dificultad a que ustedes se enfrenten como familia, Dios está obrando para llevar a cabo su propósito.
Aunque puede que siempre existan nuevas tecnologías, sus hijos no siempre podrán estar bajo su orientación. Y usted es el responsable ante Dios de sus hijos y de su bienestar espiritual, mental y físico.
Como padre, o madre, usted puede sacrificarse para proporcionarles a ellos lo mejor; sin embargo, lo que podrá producirle a su hijo la mayor felicidad o el mayor éxito no será el aparato más reciente. Solamente la realidad de Cristo en sus vidas puede hacer eso.
Ya sea que su familia haga uso de cierta tecnología o ninguna, eso no es significativo. Lo que importa es que usted enseñe a sus hijos acerca de la oportunidad más maravillosa del mundo: una relación personal y consistente con Jesucristo.

Por: Charles Stanley, Ministerios en Contacto.

Ayudando al adolescente a superar los problemas

Hace muchos años una pareja piadosa y sin hijos oraba porque el Señor los bendijera con un hijo. El problema era que la mujer era muy vieja para procrear. Quizá la pareja llegó a considerar la adopción; pero siguieron orando porque de alguna forma Dios los bendijera con un bebé propio.

Tras de muchos años de oración y fe, la mujer quedó embarazada, y nueve meses después, la pareja tuvo un hijo. ¿Suena familiar? Así debe ser, pues se trata de Sara y Abraham (Génesis 21.1-7).

Años más tarde Dios le indicó a Abraham que tomara a su hijo, Isaac, y lo sacrificara en holocausto (Gen. 22.1-14). ¿Qué pensamientos habrán galopado en la mente de Abraham? “El mismo Dios que bendijo nuestra existencia con la de este joven ahora quiere quitárnoslo?” O tal vez se preguntó: “¿Cómo rayos le voy a explicar esto a Isaac?”

La Biblia no entra en mucho detalle en esta parte del relato, pero se puede conjeturar que Abraham manejó la situación de maravilla (Gen. 22.7,8). Después de todo, no se trataba de convencer al chico de que regresaría por él tras una semana de retiro juvenil en el campo.

Abraham debió haber ayudado a su hijo a encarar el hecho de que se enfrentaba a la muerte como sacrificio a Dios. En tales circunstancias dramáticas, ¿qué es lo más probable que hayan discutido? Quizás hablaron de que Dios, en su infinita sabiduría, debía tener algún misterioso propósito para exigir tal sacrificio.

Quizá simplemente se abrazaron y lloraron. Tal vez se dijeron muy poco, o nada. Tal vez Abraham manifestó a Isaac su fe de que “Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir” (Hebreos 11.19).

Cualquiera que haya sido el caso, ésta fue una de las pruebas más difíciles de cualquier familia en la historia bíblica. El desenlace fue que Dios perdonó la vida de Isaac. La lección que a menudo se imparte con este relato es acerca de la fe y, ciertamente, se trata de una gran historia de fe.

Sin embargo, para los fines del presente artículo, la moraleja es la de un padre que ayuda a su hijo a enfrentarse a un problema insoportable (Gen. 22.8).

El mundo de hoy está cambiando constantemente; está lleno de cosas buenas y malas. El año pasado vimos que Estados Unidos se involucró en una guerra por primera vez en muchos años. Atestiguamos el derrumbe del bloque soviético en Europa Oriental lo cual, a su vez, provocó la disolución de la Unión Soviética. La economía de los E.U.A. cayó en una recesión, lo cual provocó desempleo y, consecuentemente, sometió a las familias a nuevas presiones económicas y sicológicas.

Por otro lado, los adolescentes se están enfrentando a una andanada de problemas sin precedentes. Algunos son problemas que las pasadas generaciones no tuvieron que enfrentar, o se presentaban bajo diferentes matices: familias sin padre o sin madre, padrastros y madrastras, embarazos en las adolescentes, drogadicción, alcoholismo, pandillerismo y sexismo.

Otros dilemas a los que ahora se enfrentan los adolescentes son: “¿Debo ir a la universidad después de la secundaria? y si así es, ¿a cuál?” “¿Qué debo hacer con mi vida profesional, espiritual y social?” “¿Qué tipo de amistades debo tener?” “En realidad ¿cuál es el significado del cristianismo?” Y ciertamente muchos adolescentes se preguntan: “¿Qué pensarían mis padres si supieran?” “Me pregunto se estarían de acuerdo con las decisiones que tomo”.

Cuando estas preguntas y otras por el estilo se vuelven realidad en la vida de los padres y los hijos, a veces nos vemos agobiados y llenos de inquietud. Proverbios 12.25 dice que “la congoja en el corazón del hombre lo abate”.

Nuestra solución a lo complicado de este mundo está en Jesucristo. Para nosotros es la constante. El está ahí como un guía, tanto para los adolescentes como para los padres, en su transitar por la vida, como lo hicieron Abraham, Sara e Isaac.

Filipenses 4.6 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. También se nos dice que debemos echar toda nuestra “ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5.7). Pasajes como éste nos enseñan una importante lección: Cuando dependemos de nuestro Señor, él con toda certeza nos ayudará a ser los mejores padres e hijos.

Otra sugerencia para ayudar a los adolescentes a enfrentar los problemas, es que la familia permanezca lo más unida posible en todos los aspectos de la vida. Probablemente Cornelio fue un padre eficiente. ¿Por qué? Porque se esforzó en mantener a su familia unida en las cosas que verdaderamente importan. Hechos 10.2 dice que era “piadoso y temeroso de Dios”. Cornelio ejercía una influencia positiva en su familia y amigos y esto se refleja en el hecho de que les llamase a su cara a escuchar la predicación de Pedro (Hechos 10.24).

Los padres pueden aligerar la presión de los adolescentes  poniendo a Dios en el centro de su vida cotidiana. He aquí algunas otras ideas que pueden ayudar a su hijo o hija adolescente a salir avante en el mundo actual. Primeramente, dedíquele tiempo a la familia. No se involucre demasiado en actividades sociales, profesionales o cívicas, si esto significa descuidar al resto de la familia.   En   segundo   lugar, no encienda el televisor cuando la familia está pasando un rato junta. Muy frecuentemente la tele es tal distracción para la familia, que sus miembros se sienten olvidados y sin importancia.

En lugar de ver programas deportivos, financieros o cómicos, tómese tiempo para manifestar interés en la vida de sus hijos adolescentes, en vez de simplemente preguntar cómo va la escuela. Claro, la escuela es importante, pero haga el intento de conocer más detalles de quiénes son en realidad ellos y cuáles son sus inclinaciones. Platique de sus pasa¬tiempos; pregúnteles sus opiniones acerca de los problemas actuales o de cuestiones políticas.

Si tiene la fortuna de contar con dinero extra, en vez de gastarlo en bienes materiales, considere invertirlo en una diversión con la familia o en unas vacaciones juntos. El compartir cuando menos un alimento al día es una oportunidad muy efectiva de mejorar la unidad familiar.

Otra idea es desarrollar o mantener las “tradiciones familiares”. Contar con una tradición familiar contribuye a fomentar el orgullo familiar, lo cual permitirá que los hijos se mantengan más arraigados a la familia.

Usted puede idear otros métodos. El asunto clave consiste en procurar la estabilidad, o “la calma en el centro de la tormenta” que muchas veces caracteriza la vida del adolescente.

Sin embargo, los padres deben encontrar un punto medio entre apoyar a los adolescentes y dejar que solo aprendan las lecciones de la vida; el éxito y el fracaso, la exaltación y la decepción, el riesgo y la aventura. Siempre que los padres permanezcan estables y estén disponibles para sus hijos adolescentes, podrán participar de sus experiencias en la vida.

Hasta aquí hemos hablado de los adolescentes, las responsabilidades y los problemas contemporáneos. Hoy en día los jóvenes están conscientes de que viven en un mundo diferente. Sin embargo, los padres aun pueden reconocer ciertas similitudes entre las condiciones a las que ellos se enfrentaron y las que enfrentan sus hijos.

Esta familiaridad les ayuda a demostrar apoyo y comprensión hacia los problemas de sus hijos adolescentes. En otras palabras, la brecha de las generaciones no es, o no debe ser, del tamaño de la Falla de San Andrés.

No obstante esto no debe tomarse como una oportunidad para que los padres comiencen con retahilas como “en mis tiempos esto y lo otro” o “ustedes no saben lo que es caminar a la escuela todos los días bajo la nieve”. El adolescente tiende a cambiar de canal cuando oye sermones.

Por lo tanto, el padre efectivo pone un ejemplo vivo para ayudar al adolescente —no es necesario sermonear. Pablo dijo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11.1). Este es un buen consejo bíblico para los padres.

El simple hecho de que los padres traten de ayudar a los adolescentes a superar sus presiones y enfrentar sus retos, puede ser un gran alivio para éstos. Su hijo, de cualquier edad, se sentirá más confiado sólo con saber que usted tiene cuidado de él. Finalmente, recuerde que manifestarle amor y apoyo a sus hijos adolescentes no significa concederles todo lo que desean o piensan que necesitan.

Lo que los adolescentes verdaderamente necesitan es padres que se preocupen por sus intereses, así como nuestro Padre celestial se preocupa por los nuestros. Demostrando tal preocupación podemos guiarlos, sin privarlos de su independencia para aprender y madurar con las decisiones que tomen, tanto las buenas como las malas.

Podemos estar confiados de que al llevar a nuestros hijos por las sendas del Señor, él estará con nosotros a cada paso del camino. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6.4).

-JeffL. McMülon, La Voz Eterna

Recobrando el romance en el matrimonio

Existen muchas razones para creer que su clasificación romántica puede y volará muy alto. Si ustedes dos sencillamente lo desean existe una gran probabilidad de que suceda. Cuando lo haga, todo en su relación será más emocionante para ambos. El premio para el cambio positivo en su nivel de romance bien vale la pena cualquier esfuerzo de su parte.

1. Por obvio que parezca, usted y su pareja deben pasar más tiempo juntos. Me refiero a abundante y consistente tiempo juntos. Algunas parejas difícilmente se ven durante la semana y luego esperan que su romance reviva por arte de magia el sábado por la noche. Pero es muy difícil retomar donde se quedaron el sábado pasado si no hay comunicación y tiempo para ponerse al día.

Marylyn y yo estamos juntos casi todas las noches. Ambos trabajamos fuera de casa y terminamos el día laboral a las seis de la tarde. Como tenemos dos automóviles, usualmente nos hablamos por la tarde para hacer los planes de la noche. Algunas veces nos encontramos en un restaurante local y otras estamos ansiosos de llegar a casa. De una manera o de otra, casi siempre pasamos la noche juntos y no puedo decirles lo mucho que nuestro romance marital se beneficia de estos contactos cotidianos.

Durante la cena, nos contamos los acontecimientos del día. Hablamos sobre las personas que vimos, las tareas que realizamos, las cosas que salieron bien y las cosas que salieron mal. Siempre que podemos, vamos mas allá de contarnos sobre nuestros días para comentar sobre cómo nos sentimos y la manera como reaccionamos a lo que sucedió durante el día. Espero con ansia estos momentos, mucho más de lo que espero disfrutar la cena.

Este ritual diario nos mantiene entrelazados con la vida del otro. Cada uno conoce la mayor parte de los detalles de lo que el otro enfrenta cada día y nos preocupamos de manera genuina por los progresos de nuestra pareja. No es tanto lo que hablamos sobre nuestros días, es lo que nos preocupamos mutuamente, y estas conversaciones nocturnas son como leer las noticias sobre nuestro equipo preferido.

2. Sueñen juntos
Los sueños entrañan metas u objetivos para sus vidas individuales y para su matrimonio. Un gran sueño para su matrimonio necesita ser un gran sueño para ella y un gran sueño para él y un gran sueño para ambos. Este sueño marital les ayuda más cuando los actualizan. Si pasan de moda, inevitablemente pierden su poder de motivación e inspiración.

Los exhorto a que tengan un sueño para su próximo año de matrimonio, otro para los próximos cinco años y otro más para los próximos diez años. Además, los exhorto a que trabajen en sus sueños por lo menos dos veces al año, tal vez para su aniversario y a los seis meses.

El hecho de soñar juntos y trabajar juntos para lograr sus sueños contribuyen de manera dramática con el nivel de romance de su matrimonio.

3. Tomen tiempo cada día para ayudarse conscientemente.
Si ustedes oran, pasen mucho tiempo orando por su pareja. Me he convertido en un apasionado creyente de la oración y paso mucho tiempo orando por Marilyn. Estoy convencido de que su vida es sustancialmente mucho más significativa gracias a estas oraciones.

Pero los efectos positivos de la oración van mucho más allá. Afectan grandemente nuestro amor mutuo. Esto nos hace regresar al concepto de enfocar nuestros sentidos. Cuando ora por su pareja, él o ella se encuentran justo en el centro de su conciencia. Todas sus esperanzas y buenos deseos se enfocan en esa persona mientras usted intercede ante Dios por ella.

4. Programe pasar un tiempo con su pareja por lo menos una vez al mes.
Realmente no importa lo que hagan cuando estén juntos mientras ambos lo disfruten, pueden dirigirse hacia un lugar remoto que a ambos les agrade, exploren un viejo pueblo fantasma, vayan a su librería preferida, hagan un día de campo en el parque o visiten un museo de arte.

Cualquier cosa que hagan este día, el tiempo que inviertan satisfará su necesidad de romance marital como muy pocas cosas pueden hacerlo. Ofrecerá la promesa de pasar un tiempo poniéndose al día, un tiempo para reavivar la llama del amor y de un tiempo para comprometerse de nuevo con “la vida” que los emocionaba tanto cuando estaban recién casados.

5. Por lo menos dos veces al año, salga con su amado durante un largo tiempo.
Aunque las salidas cortas sean enriquecedoras, también necesitan días sin prisa y relajantes para alimentar su amor. Si es posible, vayan a un lugar hermoso, un lugar que les ayude a liberar la tensión y a olvidarse de las preocupaciones diarias.

No necesita alterar su presupuesto para pasar un largo tiempo lejos. Encuentre una pequeña cabaña, empaque su equipo de acampar o pida prestada su casa rodante a sus amigos o familiares. Lo que sea que decida, ¡hágalo! y cuando lo haga, asegúrese que los momentos románticos sean la principal actividad en su programa diario. Eso significa caminatas junto al agua por la mañana, largas siestas por la tarde, cenas a la luz de la luna, baile y abrazos bajo las estrellas por la noche.

¡Ahí lo tiene! Este método de siete pasos para mejorar su romance marital decididamente funciona. Póngalo en práctica ahora mismo y le garantizo que le encantarán los resultados.
Autor: Neil Clark Warren, Ph. D
Editorial Unilit

Tomando en serio el rol de Cabeza del Hogar

Texto: Josué 24: 14, 15

“Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.
Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.

Se dice que nosotros los latinoamericanos somos machistas y que en nuestras casas se hace lo que nosotros decimos y no lo que nuestras esposas dicen. Pero yo he sido testigo muchas veces de hogares donde ese dicho de los latinoamericanos no se cumplen, puesto que en muchos hogares que yo he visto, los que dirigen la casa son las mujeres y no los hombres.

Ahora bien, estoy totalmente en contra del machismo, puesto que Dios no nos ha hecho cabeza para maltratar a nuestra esposa, ni para mandar y tomar decisiones locas, es mas Dios que nos ha dado a nuestra ayuda idónea nos pide en su Palabra que las y tratemos como a vaso frágil.

Si bien es cierto que estoy totalmente en contra del machismo, también estoy totalmente en contra del feminismo. No me parece correcto que mujeres quieran a la fuerza desempeñar el rol que Dios nos ha delegado a nosotros como hombre. La Biblia habla sobre que la mujer tiene que sujetarse a nosotros.

Como cabezas de hogar tenemos una responsabilidad mayor, ya que en nuestras decisiones esta la responsabilidad de mantener unida a nuestra familia. Pero que triste es cuando un hombre cabeza de hogar no esta tomando el rol que le compete y se esta dejando manipular por las “voces extrañas”.

El anterior versículo narra un episodio en donde podemos sacar muchas enseñanzas, pero que en este momento me quiero dirigir a una en concreto y esto es la autoridad que Josué tenia como para decir: “Yo y mi casa serviremos a Jehová”.

¿Cuántos de nosotros nos preocupamos porque nuestra familia tenga salud espiritual?, ¿Cuándo fue la ultima vez que le preguntaste a tu hijo del porque no esta asistiendo a la Iglesia?, ¿Cuándo fue la ultima vez que le preguntaste a tu esposa como se sentía espiritualmente?, nosotros como cabezas de hogar, tenemos la responsabilidad de ser unos sacerdotes en nuestra casa y unos pastores espirituales para nuestra familia. Cuando le dijiste a tu esposa que la amas y que eres feliz y bendecido por estar a su lado, cuando estuviste oendiente de sus necesidades, ser cabeza del hogar tambien significa amar y honrar a tu esposa e hijos, cuidarla y amarla como Cristo ama a su iglesia.

Dios quiere que nosotros nos preocupemos por el bienestar espiritual de nuestra familia. Lastimosamente hay hogares “cristianos” en donde el Padre no hace nada por animar a su familia a buscar de Dios, quizá el hijo anda en malos pasos, la esposa sin deseo de congregarse, su hija con novio y pegada al celular todo el día y mientras tanto nosotros como cabeza de hogar estamos pasivos viendo como nuestra familia se pierde poco a poco y se aleja del Señor.

Amado hermano, es hora de tomar el rol que un día Dios nos delego, es hora de velar por el bienestar espiritual y en todo sentido de nuestra familia, es hora de ser los sacerdotes que Dios quiere que seamos en nuestro hogar, de tomar en serio nuestro papel de pastores espirituales de nuestra familia, pero para ello es necesario comenzar nosotros mismos a mantener una verdadera relación personal con el Señor, a buscarlo para ganar autoridad, ha dar un testimonio que sea ejemplo a nuestra familia, pues eso es lo que Dios anhela de nosotros.

Mientras muchas familias se pierden y se van para el mundo, ¿Qué estas haciendo con la tuya?, yo no se tu, pero Yo y mi casa serviremos a Jehová.

Autor: Enrique Monterroza

El Matrimonio

El Matrimonio

El Matrimonio

La familia inicia con la unión en matrimonio de un hombre y una mujer, esto nos habla del propósito eterno de Dios de unir a Cristo con su esposa la Iglesia en un matrimonio eterno, Dios ha querido que cada hombre y cada mujer puedan tener una relación matrimonial que nos permita conocer sobre el amor que Cristo tiene por su Iglesia, el matrimonio terrenal no es eterno, solo existirá mientras estamos en esta tierra, Jesús dijo:

Lucas 20:34 Y Jesús les dijo: Los hijos de este siglo se casan y son dados en matrimonio, 35 pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio;

Si amado hermano, el matrimonio tiene como único motivo hacernos comprender mejor el amor de Cristo por su iglesia, en esta relación conyugal tanto el hombre como la mujer pueden entender mejor el amor de Cristo por su Iglesia, el Apóstol Pablo declaro:

Efesios 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada. 28 Así también deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, así como también Cristo a la iglesia; 30 porque somos miembros de su cuerpo. 31 Por esto el hombre dejara a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. 33 En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.