En el ámbito de la ética empresarial lo propio ha sido traer los valores
Cristianos y tratar de ponerlos en práctica dentro del horizonte del mundo de los negocios. En otras palabras, lo normal ha sido decir: “Dentro de lo que hace la empresa donde trabajo, ¿cómo puedo comportarme moralmente o contribuir al comportamiento ético de esta organización?”
El horizonte típico de la empresa le queda pequeño al extenso horizonte de nuestra Fe.
Qué pasaría si yo me preguntara, en primer lugar: “¿Qué implica el horizonte de mi fe para mi actuar ético en la empresa’?”
No sólo se me abriría un mundo nuevo de posibilidades y responsabilidades, sino que también viviría en mayor plenitud mi ser cristiano.
El sustantivo y el adjetivo se intercambian: de empresario cristiano a cristiano empresario.
A finales de la década de los 60, quienes egresaban de Ingeniería
Comercial en la Universidad Católica recibían su diploma que les recordaba: “…un ejército de invisibles manos ha labrado la tierra, ha levantado tu casa, ha servido tu mesa para que tú pudieras aprender. Ahora, esas innumerables manos —las más desposeídas— se tienden hacia ti con el gesto de la necesidad. Te piden simplemente lo que les pertenece”. Estas líneas tienen la virtud de mostrarnos la verdadera extensión del horizonte ético cristiano. El horizonte del cristiano y, específicamente para el caso que analizamos, el horizonte del cristiano que es empresario deberá tener siempre como medida de su compromiso con lo que cree,
La realidad de aquellos que extienden sus manos desposeídas pidiendo lo que les pertenece.
El cómo compatibilizar las demandas tan reales, urgentes y concretas que
Presionan a las empresas cada día con las demandas éticas que enfrentan quienes trabajan en ella, resulta ser compromiso con la fe y desafío de gran envergadura.
Sin duda que no existe “la” receta. El desafío ético que enfrenta el empresario
Cristiano requiere de buena voluntad, pero también de una gran cuota de coraje y creatividad. En la medida en que caigamos en la cuenta de que el ser empresario es un llamado, una vocación, una tarea encomendada desde lo Alto, tendremos la decisión para echarnos a caminar por este nuevo y más amplio horizonte ético. Y, de seguro, que contaremos con la Gracia de Dios para hacerlo bien
Pastor Jorge Suazo – Centro Cristiano Renovación
