A los cinco años de su segundo matrimonio abusivo, Margarita y su esposo le entregaron su vida a Cristo. Este compromiso espiritual le dio a Margarita la esperanza de que su tumultuoso matrimonio se podía salvar.
Pero cuando el abuso físico continuó, se dirigió a su pastor para buscar ayuda. Le contó los terrores de vivir con un hombre que una vez la lanzó contra una pared y la ahorcó hasta el punto que escuchó un chasquido en su cuello.
Su pastor le aconsejó: Ve a casa, ora y sométete. “Si tu esposo te mata, será para la gloria de Dios”. Margarita sobrevivió tanto el tormento cruel de su esposo así como el escalofriante consejo del pastor. Pero como muchas mujeres que han sido maltratadas, encontró refugio en el mundo no en la iglesia — un refugio para mujeres en Texas.
“La violencia doméstica es un gran problema en Estados Unidos, América Latina y dentro de la Iglesia”, expresó el pastor y consejero matrimonial Jimmy Evans de Amarillo, Texas, E.U.A. “Pero la iglesia no lo está tratando como un problema serio”.
Según las estadísticas del Concilio Nacional En Contra de la Violencia Doméstica, una mujer es agredida cada 15 segundos en los Estados Unidos. Cada año, casi 2 millones de mujeres son agredidas por sus esposos o ex maridos. Un tercio de todas las mujeres que buscan atención médica han sufrido de violencia doméstica. Se dice que es la causa número uno de crimen en Estados Unidos y la menos que se denuncia. Lo más vergonzoso es que muchas de las víctimas y sus perpetradores son cristianos.
Margarita, cuya experiencia la condujo a trabajar con otras víctimas, le dijo a Vida Cristiana que la mitad de las mujeres que ha ayudado son cristianas. Muchas de ellas por estar atrapadas entre su teología y la realidad de su situación, a veces le omiten información vital a las personas que desean ayudarlas.
“Tienen miedo de recibir consejos del mundo y al mismo tiempo protegen a sus esposos”, señaló Margarita, quien se convirtió en la consejera principal para mujeres cristianas dentro del refugio.
Don Sapaugh, presidente del Centro de Tratamiento Rapha en Dallas, Texas, E.U.A. dijo que la renuencia a compartir información es especialmente característico de las esposas de pastores que sufren de abuso.”No saben a donde ir”, comentó él.
Muchas de las llamadas que se reciben en el Centro Rapha son de mujeres maltratadas por sus esposos ministros. En ocasiones son de pastores que desean confesar sus actos.
“No existe evidencia de que la incidencia de violencia doméstica en los matrimonios cristianos es menos que el nivel nacional”, expresó Elizabeth Stellas Tippins del Centro de Prevención de Violencia Sexual y Doméstica, una organización sin fines de lucro que se enfoca en casos de clero abusivo. “El problema es que todo se oculta”, añadió.
¿Hay seguridad en la iglesia?
Los cristianos, ya sean ministros o laicos, dicen que un consejo sabio y verdaderamente bíblico es difícil de encontrar. Margarita, que ahora es una misionera casada con un “maravilloso hombre cristiano”, a veces se pregunta si hizo bien al dejar a su ex esposo abusivo. Su pastor una vez le dijo que el matrimonio es más importante que la gente que lo compone. Aunque desde entonces éste ha admitido su error, sus palabras continúan acechándola.
Este tipo de falta de ayuda que Margarita recibió no es inusual, comentó Evans. “Los pastores simplemente no saben cómo aconsejar una mujer que ha sido abusada”, opinó.
¿Por qué las mujeres no están encontrando más ayuda en sus iglesias? Parte del problema dicen los expertos se encuentra en las falsas interpretaciones de lo que la Biblia dice sobre el matrimonio.
El pasaje bíblico que más se usa para “justificar” el comportamiento abusivo es Efesios 5:22-24: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”.
Sapaugh dice que este pasaje se ha manejado terriblemente mal. Algunos pastores según señala, “Han establecido criterios hechos por el hombre para lo que es y no es sumisión y así terminan practicando abuso doméstico. Yo sé que esa no es la intención de las Escrituras”. Evans está de acuerdo. La verdad es que la sumisión bíblica no incluye violencia física. La Biblia no apoya que una mujer sea abusada por su esposo, al contrario nos dice que ayudemos a los que no se pueden ayudar a sí mismos (vea Pr. 31:9; Is. 1:17).
Es más los que piensan lo contrario deben terminar de leer el pasaje de Efesios, el cual dice en los versículos 28 y 29 que: “El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”.
Dos personalidades
Según los expertos, alrededor de la mitad del abuso cometido por un hombre cristiano es físico o sexual, y el resto es emocional que implica manipulación mental. Con frecuencia este segundo tipo de abuso la iglesia lo toma menos seriamente, lo que atrapa a las mujeres en una prisión emocional.
Juan era un hombre divorciado y el líder de alabanza de una iglesia carismática no denominacional. Rebeca era una dama divorciada miembro de la misma iglesia. Ella se había mantenido a distancia por lo que se sorprendió cuando Juan la invitó a salir. En 1990, un año después de su primera salida, se casaron. “Esta vez fui cuidadosa”, expresó Rebeca cuyo primer esposo fue abusivo. “Pensé que estaba segura casándome con un cristiano”.
Pero el hombre con quien se casó Rebeca pasó una transformación repentina. “Él cambió completamente en nuestra luna de miel, y nunca volvió a ser el mismo”, recuerda la contable de 37 años.
Juan la agredía verbalmente, criticaba su apariencia y le decía que era un fracaso como ser humano. El abuso se intensificó, aunque él continuaba dirigiendo la alabanza en su iglesia.
Rebeca buscó la ayuda de un doctor, este le recetó antidepresivos pues ella pensaba que estaba perdiendo la sensatez. Después de dos años, ella le confesó a su pastor lo que estaba sucediendo. Aun así pasaron 8 meses antes de que fuera removido de su puesto de líder de alabanza — aunque todos los líderes en la congregación conocían la situación. Para ese entonces Rebeca se había mudado de la casa.
Antes de la separación ella logró que su esposo fuera a varias sesiones de consejería. Pero los aconsejaron juntos, una práctica que según muchos expertos es la antesala para el fracaso. En el caso de ellos, los expertos estuvieron en lo correcto. Juan se había convertido en un maestro de la manipulación, ignoraba los consejos que le daban y le echaba la culpa a ella por los problemas de ambos. Esto es característico en las relaciones abusivas así como también la abrumadora necesidad del abusador de controlar a otro ser humano.
En casos de violencia doméstica, los expertos concuerdan que la razón principal por la cual es peligroso aconsejar a la pareja junta es porque la víctima puede enfrentarse a peor abuso cuando el agresor escucha lo que le dicen al consejero. Un reciente caso fue el de un marido que golpeó sin piedad a su esposa cuando escuchó lo que ella le dijo al consejero, al día siguiente la esposa se suicidó.
Sufriendo en silencio
Los pensamientos de suicidio ponen a las mujeres cristianas en un lugar muy precario. No sólo se sorprenden de que sus emociones hayan llegado hasta tal punto, sino que temen que hayan dañado su relación con Dios permanentemente.
Consecuentemente, muchas mujeres sufren en silencio. Entre ellas, Victoria, una mujer de 42 años de edad y cristiana desde los 12 años. Victoria creyó que Dios le había traído el hombre de sus sueños cuando conoció a Francisco en 1974. Él era un cristiano recién convertido que había renunciado a su estilo de vida rebelde. Poco después, estableció una nueva vida con su esposa.
Pero a menos de un año después de casarse, su iglesia abrazó las enseñanzas de un movimiento que acentuaba la autoridad de los líderes de la iglesia sobre la vida pública y privada de los miembros de la congregación. De un día para otro Francisco cambió y dejó de ser un esposo amoroso y se convirtió en un tirano. Él le decía a Victoria qué creer, qué leer, cómo vestirse y hasta cómo peinarse. Cuando ella comenzó a preguntar el porqué del control, Francisco la calificaba como rebelde y con falta de sumisión.
Al poco tiempo a Francisco lo nombraron líder en su iglesia, lo cual agregó una nueva dimensión a su necesidad de controlar. Los años de tiranía fueron destrozando la vida de Victoria hasta que llegó al punto que ella simplemente deseaba morir.
En el caso de Victoria, la prominencia de Francisco dentro de la congregación hizo que miembros de la iglesia voltearan la cara cuando se hizo evidente que él había abandonado emocionalmente a su esposa. Él se las había arreglado para conservar su posición en la iglesia, a pesar de sus trámites de divorcio.
Expuesto por la luz
Los matrimonios abusivos no tienen que terminar como el de Victoria. En muchos casos las parejas cristianas han encontrado el camino hacia la sanidad y la reconciliación.
Tomás y Carla se conocieron mientras eran estudiantes en la universidad, estaban envueltos en el mismo ministerio estudiantil. A los pocos meses estaban comprometidos y se casaron poco antes de terminar la universidad. Sin embargo, al poco tiempo los planes de Tomás de asistir al seminario se esfumaron cuando Carla quedó embarazada. Las presiones de proveer para su familia crearon una erupción de violencia contra Carla.
Para ese entonces la pareja vivía en una ciudad de tamaño mediano, lo cual le dio a Tomás el anonimato para abusar de su esposa con impunidad. Eventualmente dos cosas alteraron el rumbo de la situación: un pastor que se atrevió a confrontar la situación y una oferta de trabajo en la ciudad natal de Tomás. En 1983, la pareja se mudó a la ciudad rural donde la familia de Tomás había vivido por generaciones. De pronto él tuvo que enfrentar un nivel de responsabilidad que nunca había conocido. “Vivir en una comunidad pequeña con una población de 2,000 tiene efecto en la vida de una persona”, comentó Tomás. “Tenía un trabajo como maestro y mi comportamiento se reflejaba en mí profesionalmente”.
Para 1985, el abuso había terminado totalmente, y Tomás mantenía relaciones estrechas con personas que lo ayudaban a lidiar con su problema. Mientras tanto, Carla perdonó a Tomás y encontró ayuda emocional entre sus amigas cristianas. Hoy, Carla y Tomás asisten a la iglesia junto a sus cuatro hijos. No cabe duda en la mente de Tomás que lo que puso fin al abuso — y salvó su matrimonio — fue la exposición de la situación. Su mensaje para el abusado y el abusador es claro: hagan que el comportamiento abusivo sea conocido inmediatamente.
“El abuso y la violencia se alimentan en la oscuridad”, dijo él. “Admitir que existe el abuso expone a la luz el pecado. Hemos estado demasiado dispuestos a permitir que los pecados secretos existan. La sanidad se encuentra al exponer los pecados a la luz”.
——————————————————————————–
Marcia Ford es editora, escritora y periodista cuyo trabajo ha sido publicado en varias revistas internacionales.
